¿Sabemos lo que comemos? (I): Los aditivos alimentarios, ¿inofensivos o perjudiciales?

Cada vez es mayor la preocupación de los consumidores por conocer lo que realmente ingieren, y por lo tanto, mayor es el interés por conocer qué y cuáles son los aditivos alimentarios, ya que se encuentran en la mayoría de alimentos y bebidas y forman parte de nuestra vida cotidiana. 

Para los que aún no tengan muy claro en qué consiste exactamente un aditivo, el “Código Alimentario Español” define aditivo alimentario como aquellas sustancias que se añaden intencionadamente a los productos alimenticios sin el propósito de cambiar su valor nutritivo, con la finalidad de modificar sus caracteres, técnicas de elaboración, conservación y/o para mejorar su adaptación al uso que se destinen.

Aunque los aditivos naturales como la sal o el vinagre se han utilizado desde épocas remotas, actualmente y cada vez más, se utilizan y producen aditivos ya no de origen natural sino de origen sintético y la cantidad utilizada, sobre todo con las comidas precocinadas, se encuentra en auge. Diversos estudios han demostrado que algunos de ellos pueden producir efectos tóxicos como alergias, asma, eczemas, reacciones de hipersensibilidad, hipertiroidismo, daños renales y hepáticos y un largo etcétera.

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Se añaden aditivos a la mayoría de alimentos que consumimos

Pero empezando por el principio, ¿para qué se utilizan los aditivos en los alimentos?, ¿cómo y quién controla su uso? El origen del uso de los aditivos proviene de la necesidad de mantener a raya la contaminación microbiológica, pero actualmente se utilizan además para mejorar y acentuar las propiedades de los alimentos o incluso llegar a conseguirlas de forma artificial.

Lo primero que se hace con los aditivos es realizar una serie de pruebas para determinar su inocuidad o toxicidad, para ello, los aditivos son administrados a animales de experimentación en diferentes dosis y periodos de tiempo, de manera que se puede comprobar los distintos efectos posibles en sus diferentes maneras de consumo. A partir de estos estudios se fijan las cantidades diarias admisibles de aditivos por parte del organismo, que siempre se trata de una dosis menor que las que toleran los animales más sensibles, lo que deja un margen de seguridad. Esta decisión es tomada por la FAO y la OMS y, en Europa, por el Comité Científico Para la Alimentación Humana.

Hasta aquí, todo bien, pero el problema viene a continuación.  Mientras que lo lógico sería continuar su estudio en seres humanos con el fin de comprobar la posible necesidad de modificar la dosis admisible o de descubrir posibles respuestas inesperadas (interacciones con otros aditivos, reacciones cruzadas con medicamentos, etc.) sólo conocidas una vez  los aditivos son comercializados y consumidos por el ser humano, esta investigación habitualmente no se lleva a cabo, por lo que en ningún momento se sabe el efecto real que pueden llegar a tener estos aditivos en el organismo. Además habría que tener en cuenta que algunos individuos (mujeres embarazadas, ancianos, niños, enfermos…) pueden ser más sensibles a este tipo de sustancias que el resto, así como los posible efectos tras años de consumo y acumulación en el organismo.

En Europa, una vez los aditivos son puestos en el mercado, se designan con un código compuesto por la letra E, la cual significa que el aditivo ha sido evaluado y aceptado por considerarse seguro en toda la Unión Europea, seguida por unos dígitos determinados. El primer dígito nos indica la categoría del aditivo (colorantes, conservantes, antioxidantes…), el segundo hace referencia a la familia (color en caso de los colorantes, grupo químico al que pertenecen…) y finalmente, el resto de dígitos (1 o 2 más dependiendo del aditivo) sirven para concretar e identificar la sustancia. Según la Organización de Consumidores y Usuarios “en general la legislación comunitaria en materia de aditivos es muy laxa, ya que no prohíbe casi ninguno y apenas limita las cantidades en que pueden usarse.”

Parte de la polémica existente respecto a los aditivos alimentarios proviene de la desinformación de los consumidores, que tienen que buscar por su propia iniciativa el diccionario que les descifre una etiqueta en la que algunos de sus ingredientes aparecen como códigos totalmente desconocidos para ellos. Además, existe un uso fraudulento por parte de algunas compañías alimentarias, pretendiendo ofrecer productos de mala calidad con el aspecto de poseer mejores cualidades.

A pesar de todo lo anterior, es obvio que algunos aditivos son realmente necesarios para poder continuar con el ritmo de vida actual, ya que son imprescindibles para que los alimentos puedan conservar sus propiedades durante el período de almacenamiento y que no hayan perdido calidad a la hora de ser consumidos,  además de que no todos los aditivos incluidos en los alimentos son tóxicos. Por ejemplo, los edulcorantes artificiales son muy interesantes para las personas que por razones médicas deben tener una ingesta controlada de azúcar.

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¿Miramos las etiquetas cuando compramos?

La mejor posición para el consumidor puede ser la de no alarmarse irracionalmente con la información (no siempre verídica) que circula por ahí sobre los efectos perjudiciales de los aditivos, pero tampoco aceptar sin más el uso y consumo sistemático de sustancias muchas veces innecesarias y dudosas en nuestra alimentación.

Por último, destacar que hay que tener especial cuidado con las etiquetas “sin colorantes ni conservantes” ya que pueden llevar a una idea errónea sobre el producto, pues aunque no contengan efectivamente ni colorantes ni conservantes, si pueden contener el resto de tipos de aditivos.

 “Hemos de tener reservas sobre las garantías que aporta el término inocuidad: ¿Cómo aportar la prueba que no deje lugar a dudas de la inocuidad de una sustancia absorbida año tras año?. No sabemos gran cosa de las interacciones, en el interior de los alimentos y en contacto con los embalajes, entre las sustancias originales y los aditivos, entre ellos los colorantes, e incluso menos en el interior de los organismos. En suma, la inocuidad nunca está asegurada de modo definitivo. Gounelle de Pontanel ante la Academia de Medicina francesa.

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Acerca de P.delaVega

Ambientóloga. Idealista soñadora y adicta a la lectura. Amante de la naturaleza que no mata ni un mosquito. Ni si, ni no, ni blanco, ni negro.
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