¿Sabemos lo que comemos? (II): La peligrosa presencia de contaminantes ambientales en los alimentos

Como ya dijimos en ¿Sabemos lo que comemos? (I): Los aditivos alimentarios, ¿inofensivos o perjudiciales?, el interés de los consumidores por saber qué contienen los alimentos que ingieren es cada vez mayor, por lo que al igual que ocurre con los aditivos, la presencia de contaminantes ambientales en los alimentos tiene también cada vez una mayor atención. 

La Unión Europea establece que los contaminantes alimentarios “son sustancias que no se agregan intencionadamente a los alimentos sino que pueden encontrarse en ellos como residuos resultantes de su producción, acondicionamiento, transporte o almacenamiento, o como consecuencia de contaminación medioambiental.”

Debido a la necesidad de obtener el mayor rendimiento en el menor tiempo posible, el ser humano utiliza una gran variedad de productos  y sustancias químicas que nos han ayudado indudablemente a mejorar nuestro nivel de vida, pero muchas de ellas poseen cualidades no deseadas y pueden ser dañinas para la salud, bioacumulativas y persistentes en el medio ambiente. Estas propiedades han hecho que casi todos los lugares del mundo se encuentren actualmente contaminados por diferentes tipos de estas sustancias químicas producidas por el hombre. Un ejemplo de ello son el DDT (insecticida) y los PCB (bifenilos policlorados, usados en los componentes eléctricos), que habiéndose prohibido hace décadas, siguen presentes en el medio ambiente actual.

Niños fumigando con DDT un campo de Alemania, 1953 (Kruger, Creative Commons)

Niños fumigando con DDT un campo de Alemania, 1953 (Kruger, Creative Commons)

Las explotaciones agropecuarias modernas se ayudan para su producción de innumerables productos químicos, los cuales dejan huella en los alimentos que luego los consumidores ingerimos (La agricultura del presente: veneno en nuestras mesas), pero a ello tenemos que añadir además los residuos de actividades mineras, industriales y urbanas que se esparcen por el aire, la tierra y el agua. Esto lleva a que sustancias extrañas lleguen a los cultivos, la pesca y los forrajes de forma accidental debido a aguas contaminadas, vertidos industriales, etc, de manera que se incorporan al principio de la cadena trófica, por lo que después acaban introduciéndose en nuestra dieta. Así, la contaminación química de los alimentos se trata de la vía más importante de exposición humana a la contaminación de muchas sustancias químicas, bioacumulativas y disruptores endocrinos (sustancias químicas capaces de alterar el sistema hormonal).

“No podemos seguir ignorando la prueba de que las sustancias químicas están arruinando la vida de la fauna del Ártico. El DDT y los PCB, pero también nuevos contaminantes – los retardantes de llama bromados y las sustancias fluoradas – están siendo encontrados en los cuerpos de los habitantes del Ártico. La contaminación química nos obliga a preparar nuestros alimentos tradicionales de maneras diferentes y en algunos casos, a evitar comernos las partes más contaminadas de los animales.” Pavel Sulyandziga, Vicepresidente de RAIPON, Asociación rusa de los pueblos indígenas del norte.

Los contaminantes ingeridos con los alimentos, pueden ser inocuos o causar efectos en nuestro organismo dependiendo de la dosis en que los consumamos, así como pueden causar intoxicaciones agudas (poco frecuentes) o crónicas (debido a una acumulación de pequeñas dosis), capaces de producir  alteraciones a largo plazo.

Para los contaminantes más habituales la Unión Europea establece  en su normativa alimentaria unos límites permitidos de residuos químicos en los alimentos, fijando dosis diarias y semanales que el organismo humano es “capaz de asimilar sin problemas”, tomando como referencia las cantidades toleradas por animales sujetos a estudio. Pero aún quedan numerosas sustancias sin investigar y en muchos casos sus consecuencias para la salud humana son detectadas tras muchos años de investigación y son responsables de enfermedades como el cáncer, efectos en el sistema nerviosos, diferentes alergias, diabetes, asma, problemas reproductivos y  una larga lista de más posibles efectos que parece no tener fin.

Casi todos los alimentos que ingerimos contienen restos de contaminantes químicos y aún no se conocen los efectos en la salud de muchos de ellos

Casi todos los alimentos que ingerimos contienen restos de contaminantes químicos y aún no se conocen los efectos en la salud de muchos de ellos.

Todos nos encontramos expuestos y contaminados con un “cóctel” de diferentes sustancias químicas y peligrosas, pero a pesar de ello, actualmente no hay suficientes datos sobre los efectos en la salud para evaluar los impactos potenciales de la mayoría de las sustancias químicas que habitualmente se utilizan. Aunque no es probable que los niveles que habitualmente se encuentran en los alimentos causen efectos inmediatos sobre la salud, existe una creciente preocupación sobre los efectos a largo plazo de exposiciones de bajo nivel, especialmente sobre los fetos en desarrollo, los bebes y los niños pequeños. Además, también es creciente la preocupación sobre el continuo uso de sustancias peligrosas que siguen contaminando no sólo los alimentos sino el medio ambiente de todo el planeta.

 “Durante los últimos años se han generado datos en España y otros países de Europa que demuestran que la exposición humana a sustancias químicas contaminantes ambientales es mucho más frecuente de lo que se esperaba. Por ejemplo, la información obtenida sobre la exposición materno-infantil a compuestos químicos tanto de uso histórico como actual, a través de las placentas y la sangre del cordón umbilical, sugiere que la alimentación de la madre juega un papel primordial en la exposición de su descendencia. La impregnación de las madres ocurre, fundamentalmente, por vía alimentaria y es inadvertida, continuada y acumulativa.” Prof. Nicolás Olea, Socio de la Red científica CASCADE y Profesor en el Hospital Clínico-Universitario de Granada.

Como conclusión, hay que destacar que muchas sustancias químicas pueden actuar de manera sinérgica, algo crucial, puesto que nos encontramos expuestos a una amplia gama de sustancias químicas, y además, al ser en muchos casos sustancias bioacumulativas o al producirse intoxicaciones crónicas, las cantidades contenidas en el cuerpo aumentan a lo largo de nuestra vida si nos son eliminadas, lo que puede deparar efectos en la salud no esperados, ya que sólo se harán patentes muchos años más tardes.

En mi opinión, es muy difícil saber si realmente existen niveles seguros para estas sustancias químicas, especialmente sobre los miembros de la población mas susceptibles, y me pregunto si realmente se puede hacer algo contra esta contaminación cada vez mayor y que afecta a todo el planeta de forma global. De momento, a los consumidores solo nos queda resignarnos y tener que “confiar” en la vigilancia de los productores y las Administraciones.

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Acerca de P.delaVega

Ambientóloga. Idealista soñadora y adicta a la lectura. Amante de la naturaleza que no mata ni un mosquito. Ni si, ni no, ni blanco, ni negro.
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