Las bolsas biodegradables: la falsa solución

El aumento de la sensibilidad por el medio ambiente y la protección de la vida silvestre así como el desarrollo de nuevas tecnologías basadas en recursos renovables, han estimulado la búsqueda de soluciones y estrategias alternativas al uso de las bolsas de plástico. Entre las diferentes soluciones, la sustitución de las bolsas de plástico convencionales (persistentes y derivadas del petróleo) por bolsas fabricadas a partir de polímeros biodegradables, se ha convertido en la opción preferida, lo que ha impulsado la investigación de los biopolímeros y su síntesis industrial. El resultado, es la explosión del número de polímeros biodegradables con propiedades termoplásticas que han entrado en el mercado en la última década y la producción de una gran variedad de productos con este tipo de materiales, incluidas las bolsas de plástico que todos podemos adquirir con nuestra compra en cualquier supermercado.

Desde su introducción a finales del año 1970, las bolsas de plástico se han convertido en un elemento muy habitual en la vida actual ya que son utilizadas para transportar nuestras mercancías diarias. Se estima que sólo en la Unión Europea se consumen anualmente 100 mil millones de unidades (datos del año 2012), con Italia en primer lugar en consumo per cápita.

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Sólo en la UE se consumen anualmente 100 mil millones de bolsas de plástico

A pesar de las medidas consideradas por municipios y gobiernos para reducir su uso, las bolsas de plástico todavía se utilizan en grandes cantidades, tanto en la UE como en otros países. En la mayoría de los países industrializados, después de su uso, las bolsas de plástico son recogidas y dispuestas en vertederos y sólo una pequeña fracción de las bolsas acaba eliminándose de forma adecuada. Además debido a su ligereza, las bolsas son transportadas por el viento, se pierden en el transporte o de forma accidental, por lo que una gran cantidad de bolsas de plástico persisten en el medio ambiente, sobre todo en los ecosistemas marinos. Esta alta persistencia de las bolsas de plástico en el medio ambiente, es una de las principales motivaciones para la producción de polímero biodegradables, que deberían descomponerse relativamente rápido en el medio ambiente.

El alcance y la gravedad del problema se han subestimado durante décadas, pero estudios realizados en los últimos años han evidenciado el impacto negativo de este tipo de basura en la vida marina. Este problema, se encuentra agravado además en las zonas urbanas costeras.

Una gran cantidad de bolsas de plástico, espuma de poliestireno, redes de pesca y otros materiales plásticos difíciles de degradar se acumulan en el ecosistema marino, en el que pueden flotar durante décadas. Se estima que entre el 60% y el 80 % de toda la basura que se encuentra en el mar es plástico. En 1975, ya se estimó que llegaban al mar entre 4 y 6,5 millones de toneladas de plástico cada año, y más recientemente (en el año 2005), se estimó que esta cantidad ascendía a 20 millones de toneladas, de los cuales el 80% provenía de la costa. La basura presente en el mar se ha convertido, por tanto, en un peligro cada vez mayor para los animales, que confunden el plástico con las presas naturales, lo ingieren o quedan enredados en ellos. Ya en el año 1997 se estimó que el plástico había afectado a 267 especies de todo el mundo, incluyendo el 86% de todas las tortugas marinas, hasta el 36% de las aves marinas y hasta el 28% de todos los mamíferos marinos. Así, en el año 2011 se había registrado la ingesta de plásticos por más de 117 especies marina, lo que pone en peligro su vida, ya que produce un gran impacto sobre su estómago.

Entre el 60% y el 80 % de toda la basura que se encuentra en el mar es plástico.

Entre el 60% y el 80 % de toda la basura que se encuentra en el mar es plástico.

Los animales confunden el plástico con las presas naturales, lo ingieren o se enredan en ellos.

Los animales confunden el plástico con las presas naturales, lo ingieren o se enredan en ellos.

Pero las bolsas de plástico biodegradable no son realmente una solución eficaz a este problema y para comprender esto, conviene explicar primero a que nos referimos con biopolímeros o bioplásticos, plástico biodegradable o plástico de base biológica.

Los biopolímeros (o bioplásticos), representan el nuevo grupo de materiales dentro de la familia de los plásticos. Estos biopolímeros tienen nuevas propiedades, como ser biodegradables en determinadas condiciones ambientales, proceder de materiales que provienen de fuentes renovables o ambas cosas a la vez. Respecto a esto último, diferenciamos entonces dos tipos de bioplásticos, los plásticos de base biológica y los biodegradables:

  • Plásticos de base biológica (biobased plástics): significa que el material proviene (en parte) de la biomasa de las plantas.  Los tallos utilizados para estos bioplásticos provienen por ejemplo de la caña de azúcar o de maíz.
  • Plásticos biodegradables: están fabricados con polímeros biodegradables en el que la descomposición resulta de la acción de bacterias, hongos, algas y otros microorganismos presentes en el medio natural. Los plásticos biodegradables se descomponen en hidrógeno, oxígeno, dióxido de carbono, compuestos inorgánicos y biomasa. El proceso de biodegradación depende de unas condiciones ambientales específicas como el calor, la humedad o la luz solar.

Por tanto,  plástico de base biológica y biodegradable no es lo mismo. La propiedad de ser biodegradable no depende del recurso del que se ha obtenido el material pero si se encuentra vinculada  a su estructura química. Dicho de forma sencilla, un plástico 100% de base biológica puede ser no biodegradable, mientras que un plástico 100% proveniente de recursos fósiles si podría serlo.

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Gráfico sobre los tipos de bioplásticos. (Autor: Prof. Dr. Ing. H.-J. Endres)

La primera controversia respecto a las bolsas fabricadas con biopolímeros proviene de su estandarización y etiquetado. Para empezar, hay mucha confusión en el mercado internacional, ya que el proceso de estandarización global proviene de lugares diferentes y no hay un acuerdo común. En segundo lugar, en Europa, para etiquetar algo cómo plástico de base biológica, las compañías deben indicar la cantidad de carbono o biomasa contenida y en el caso de plásticos biodegradables se limita a exigir ligeras condiciones, pero sin ninguna especificación estándar. Si un producto se anuncia como biodegradable, es lógico que la información sobre el plazo, el nivel y las condiciones de biodegradación deba aparecer en el etiquetado, pero esto actualmente no es necesario.

“El termino biodegradable solo es inequívoco si condiciones ambientales y tiempo de degradación son especificados.” European Bioplastic Associaton

La segunda polémica sobre los plásticos biodegradables se relaciona directamente con su capacidad de biodegradación. El plástico biodegradable es un material, que expuesto a condiciones óptimas de humedad, flora microbiana y oxígeno, puede, después de varios meses o incluso algunos años, ser convertido por los microorganismos presentes en el medio ambiente en agua, dióxido de carbono y biomasa. Estos materiales son por tanto, metabolizados y convertidos por los microbios presentes en los suelos, en sustancias sencillas y fácilmente asimilables por el medio ambiente.

El problema es que diferentes estudios científicos han puesto de manifiesto que los polímeros biodegradables reaccionan de maneras muy diferentes en distintos medios. Así, por ejemplo, un ensayo realizado con una bolsa que se anunciaba como 100% biodegradable en 49 días, se expuso a condiciones de campo, observando que en algunos casos no se producía ninguna biodegradación durante 49 días y en otras la tasa de descomposición era un 4,5 aproximadamente, lo que supone una descomposición mucho más lenta de la que se declaraba. Esto contradice lo que las industrias informan sobre las características de estos materiales y esto es, porque los ensayos que se realizan por parte de las industrias se hacen con condiciones idóneas de degradación y compostaje, pero en el medio ambiente no existen tales condiciones, por lo que la degradación de estos materiales es muchísimo más lenta o a veces ni siquiera se produce.

Por otro lado, para observar el impacto de los plásticos biodegradables sobre los animales marinos un grupo de científicos ha llevado a cabo un estudio sobre el deterioro de los diferentes tipos de bolsas en los fluidos gastrointestinales de las tortugas marinas, ya que existe una hipótesis de que las tortugas marinas se ven más afectadas que otros animales marinos debido a que  tienen unas papilas en su esófago cuya función es atrapar la comida mientras que el exceso de agua es expulsado antes de la deglución. Esta característica anatómica inhibe la regurgitación, por lo que aumenta la probabilidad de que los plásticos ingeridos permanezcan dentro del tracto digestivo. Esto provoca retenciones y otros problemas gastrointestinales en los animales. El estudio se llevó a cabo con la especie herbívora Chelonia mydas o tortuga verde y la especie carnívora Caretta caretta o tortuga boba o cabezona que acababan de morir y de las que se extraían sus flujos gastrointestinales.

Ejemplar de Chelonia mydas (Brocken Inaglory)

Ejemplar de Chelonia mydas (Autor: Brocken Inaglory)

Ejemplar de la especie Caretta caretta (Autor: Brian Gratwicke)

Ejemplar de la especie Caretta caretta (Autor: Brian Gratwicke)

Durante el estudio, se registró una amplia variedad de basura en el tracto intestinal de estas tortugas marinas. De 24 tortugas, el 71% había ingerido plásticos, otro 38% contenía monofilamentos de redes de pesca, un 4% había ingerido anzuelos y por último, una pequeña proporción de individuos habían ingerido caucho o goma y papel de aluminio. Además, se demostró que la degradación en los flujos gastrointestinales de las tortugas tanto de las bolsas de plástico estándar como de las biodegradables es despreciable. Las bolsas biodegradables mostraban una pérdida de masa entre el 3 y el 9%, lo que era mucho menor a lo que informaban los fabricantes y aunque los fluidos gastrointestinales de la especie herbívora mostró una capacidad mayor de degradación, esta era mucho menor que el plazo de digestión de la vegetación natural, y por tanto, no es lo suficientemente rápida para prevenir la morbilidad. Además, aunque en algunos casos las bolsas se desintegran en trozos pequeños no se degradan por completo, lo  que puede suponer la disminución del problema en caso de animales grandes, pero sigue siendo un gran problema en el caso de animales pequeños.

De 24 tortugas, el 71% había ingerido plásticos, otro 38% contenía monofilamentos de redes de pesca, un 4% había ingerido anzuelos y por último, una pequeña proporción de individuos habían ingerido caucho o goma y papel de aluminio.

De 24 tortugas, el 71% había ingerido plásticos, otro 38% contenía monofilamentos de redes de pesca, un 4% había ingerido anzuelos y por último, una pequeña proporción de individuos habían ingerido caucho o goma y papel de aluminio.

Si recapacitamos sobre todo lo anterior, se puede concluir que la utilidad de las bolsas biodegradables, depende tanto de su uso como de la forma en que se maneje como residuo, ya que cuando estas bolsas acaban en vertederos a cielo abierto donde su degradación es mucho más lenta, la prohibición de las bolsas de plástico y su sustitución por estas otras, no tiene ningún sentido, pues la problemática continua. Quizá, una mejor solución sería insistir en la concienciación y la educación ambiental de la sociedad, intentando mejorar la separación de residuos desde su origen y su posterior tratamiento para conseguir que la biodegradabilidad de las bolsas juegue un papel realmente positivo.

Además, presentar las bolsas biodegradables como una solución al problema es una forma de promover y continuar con el consumo irresponsable de las bolsas de un solo uso, en vez de fomentar el empleo de bolsas reutilizables.

Por último, los bioplásticos están fabricados en gran parte con materias primas que provienen de cultivos destinados a la producción de alimentos (trigo, maíz,…) por lo que su demanda puede generar una nueva competencia por el suelo, y esto, podría llegar a ser peligroso si empieza a afectar a los precios de los alimentos.

Los científicos muestran continuamente la necesidad de realizar más estudios sobre la descomposición de los plásticos biodegradables fuera de las situaciones de compostaje industrial y su durabilidad en los sistemas marinos y de agua dulce, ya que en condiciones naturales, aunque representa una mejora importante a largo plazo (en comparación a la persistencia de miles de años en el caso de los plásticos estándar), estas bolsas no suponen ninguna ventaja respecto a la morbilidad de los animales.

Mientras tanto, las bolsas biodegradables seguirán vendiéndose como un producto “verde” y una gran solución cuando obviamente, al menos por ahora, no lo es.

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Acerca de P.delaVega

Ambientóloga. Idealista soñadora y adicta a la lectura. Amante de la naturaleza que no mata ni un mosquito. Ni si, ni no, ni blanco, ni negro.
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